compañeros infaltables

compañeros infaltables

lunes, 7 de abril de 2014

EL OBJETO METONÍMICO, OSCAR MASOTTA

El objeto metonímico

Escrito por Oscar Masotta.
 Fuente: http://www.aplp.org.ar/index.php/e-textos-10/283-el-objeto-metonimico
Presentación

Traslaciones de un texto de Masotta,  de Barcelona a La Plata
-sobre  “El objeto metonímico”-

Oscar Masotta escribió este texto en el año 1979 en su exilio en España antes de morir. Se publicó en la revista Sinthoma Nº 1, en Barcelona en el año 1981, uno de cuyos responsables de edición fue Germán García.
En el año 2000 se publica este artículo en La Plata en la revista VERSUS – entre la clínica y la cultura- dirigida por Enrique Acuña. Esta revista con su nacimiento hace  bisagra entre las revistas  Anamorfosis  y  la subsiguiente en 2001, con Conceptual.  Versus indica un estilo, donde están en juego las diferentes políticas del psicoanálisis relacionadas con su historia y su práctica, que se continuará con la actual revista Conceptual - Estudios de Psicoanálisis-.

La tapa negra de Versus muestra una moneda antigua que acuña en su reverso dos luchadores, y en su editorial E.A. dice: “En su traducción literal del latín Versus es tanto “ir hacia” como “ir contra”. “Si pudiéramos elegir una política del psicoanálisis, sería en esa orientación. ¿Hacia dónde? Hacia la referencia a Freud y a Lacan, pero más al debate entre ellos y la resonancia del psicoanálisis en la ciudad. Ciudad donde habitan esas singulares soledades, que apenas comienzan a hablar comprueban que el lenguaje ha dejado su referencia vacía y obliga a la contingencia de decir de nuevo las cosas. Es por escuchar esa resonancia que se puede establecer un diálogo con otros saberes, detectando los síntomas del campo semántico renovado que significa la cultura”

Entrando de lleno en el texto de Masotta, se refiere en este artículo al Seminario, Libro 5, Las formaciones del inconsciente, donde el objeto metonímico se analiza en el eje imaginario y en la fórmula del fantasma. Subraya el autor, como a partir de una distinción en el grafo del deseo, el pequeño objeto metonímico se desliza en el eje imaginario, en la imagen especular, polo de la relación narcisista en la que el sujeto se aliena, a partir del amor. Culmina en el objeto del fantasma, como objeto de goce en términos de certeza o saber, previa a una renuncia al goce del cuerpo que entraña necesariamente la división del sujeto y el objeto como resto del sujeto tachado. Y de ahí se desprende como objeto de deseo.

Un artículo de archivo para leer próximamente en la sección de e-textos de nuestra Web (www.aplp.org.ar) que cuenta como de España a la Argentina la transferencia de  escritos que cifra una política de traslados, traducciones y recepciones distintas.-

(*) En VERSUS- entre la clínica y la cultura - Nº 1. La Plata; Año 2000.

Ana Gutiérrez
Miembro de la Asociación de Psicoanálisis de La Plata (APLP)
Responsable del Área Virtual Analítica (AVA)

El objeto metonímico

En los grafos de Jaques Lacan de “Las formaciones del inconsciente” (págs 69 y 119) el objeto metonímico β´ se analiza en i (a) y $ {} a.
A nivel lingüístico, la metonimia es la operación que resguarda la barra (Ste./ Sdo.) entregando la palabra al significante. La palabra no se agota en el referente ya que todo referente es metonímico. Es la figura por excelencia del deseo ya que resguarda la falta de objeto.
El objeto metonímico es el objeto límite vaciado de la metonimia. Para dar cuenta de su desdoblamiento al ser analizado en i(a) y $ {} a hay que situarse en el nivel de la metapsicología.


1. i(a)
Es la imagen especular, polo de la relación narcisista imaginaria, a la que el sujeto se aliena. Contiene una tensión entre el cuerpo despedazado del campo propioceptivo y la i(a). Cuanto mayor es la tensión, mayor es la exigencia de que haya significado determinado. La fuerza de la barra por la metonimia, en tanto que resguarda el referente como vacío, será función de la exigencia de significado por esa tensión fundada en la relación narcisista a i(a).
En ese momento alienante, algo no entra en i(a); cae un no especularizable, -φ (falo en posición de no especularizable). Se da ahí la exclusión de la parte que pondría en juego la relación del sujeto a la articulación fálica (falo-castración) en contra de la unidad gestáltica. De ahí que el goce escópico no resuelve el problema falo-castración.

-Corolario: i (a) tiene un resto, -φ, con dos caras:
      - una cara de relleno, estofa de lo que del objeto es real (el pene en tanto real).
      - otra cara de vacío del objeto: aquello que en la imagen especular no tendría imagen.

2. Gracias a que hay lenguaje ese –φ es elaborable, hay posibilidad de elaboración de la incompatibilidad entre el orden escópico y el orden fálico. La metonimia, en tanto que resguarda al referente vaciándolo para llevarlo a otra cosa, en tanto que resguarda lo no nombrado, pone en marcha esa elaboración. Lo que es del órden de la metonimia está referido a la cara vacía de –φ resguardándolo en tanto vacío.

3. ${}a. El objeto (a).
α) el no especularizable se presenta, insiste también como real.
β) el objeto (a) representa lo que la retoma metonímica del –φ, en la medida en que la metonimia pertenece al lenguaje, ha quedado sin integrar al orden significante. Representa aquello que el lenguaje ha dejado de lado de la cosa o lo real.
γ) el objeto (a) representa también la continuidad absoluta entre el relleno objetal del objeto y su vacío. Y esto por su origen: especularidad de dos caras contiguas unidas.
Esta relación del objeto (a) a sus orígenes define el objeto de la pulsión, el objeto profundamente perdido, la dicotomía entre el objeto real y vacío de objeto.

4. ${}a ¿Qué hace el objeto (a) en la fórmula de la fantasía?*
Cumple dos funciones:
α) determinar el objeto en términos de saber, objeto de certeza.
β) introduce el objeto de goce.

5. ¿En qué sentido el objeto(a) es el modelo del objeto de goce?
     Hay que partir de la génesis que hemos introducido recorriendo los puntos anteriores para volver a situar el objeto (a) en relación al goce.
      El objeto (a) es función de la tensión entre el cuerpo despedazado e i (a), imagen especular que ofrece la unidad gestáltica. En este campo se sitúa el goce fálico, hecho con la tensión-alienación:
-          El goce fálico es lo que alimenta, inviste el objeto (a).
-          Por ese investimiento libidinal del objeto(a) originado en el goce fálico, se logra convertir en certeza (saber) aquello que de lo real había escapado a la captura del lenguaje.

No se ha planteado aquí el problema del síntoma. El proceso analizado corre por debajo de la formación del síntoma. Si además añadimos un proceso que transgrede, rompe, lo que la metonimia resguarda  (la barra Ste/Sdo.), tenemos el efecto de metáfora del síntoma. Si el neurótico quiere saber es porque en esa relación transgrede lo que la metonimia resguarda.


Notas
* “Una fantasía es aquello donde el sujeto logra la máxima acomodación al objeto en términos de certeza o de saber.
Permite el establecimiento de la fórmula de esta relación ($ àa) donde el sujeto se revela, en tanto tachado, borrando su huella. (El rombo o losange indica una relación de alienación-separación entre el sujeto y lo que desenvuelve en el Otro) Jacques lacan: Las formaciones del inconsciente, pág 114-15. (Ed. Nueva Visión) Jacques –Alain Miller “Los gráficos de Jacques Lacan” en Significante y sutura en el psicoanálisis (Ed. Siglo XXI)


Este texto fue publicado en la revista Sinthoma Nº 1, publicada en Barcelona en 1981, uno de cuyos responsables de la edición fuera Germán García. El escrito de Oscar Masotta esta fechado en 1979.

Oscar Masotta se refiere aquí al seminario V Las formaciones del inconsciente, en su primera versión castellana, que él mismo prologa. (Ed. Nueva Visión)

jueves, 3 de abril de 2014

Una cita con Lacan

Entrevista a Jacques Lacan en la Universidad de Yale. 1975.




-¿Freud y sus errores?
-Lo que Freud llamaba el inconsciente: un saber expresado en palabras. Pero ese saber no es solamente expresado en palabras de las cuales el sujeto que las pronuncia no tiene ninguna idea; es Freud quien reencuentra esas palabras en sus análisis.
-¿La elección de mis pacientes y su articulación con mi teoría?
-Se trata de hacerlos entrar por la puerta, que el análisis sea un umbral, que haya para ellos una verdadera demanda. Esta demanda: ¿de qué quieren desembarazarse? De un síntoma. Un síntoma, es curable.
La religión es un síntoma. Todo el mundo es religioso, incluso los ateos. Creen suficientemente en Dios para creer que Dios no está ahí cuando están enfermos.
El ateísmo, es la enfermedad de la creencia en Dios, creencia de que Dios no interviene en el mundo. Dios interviene todo el tiempo, por ejemplo bajo la forma de una mujer.
Los curas saben que una mujer y Dios es el mismo género de veneno. Ellos se deslizan sin cesar.
El análisis puede ser capaz de hacer un ateo viable, es decir alguien que no se contradice.
Trato que esta demanda obligue a los analistas a hacer un esfuerzo.
Yo no les prometo ser desembarazados de un síntoma. Porque, incluso para un síntoma obsesivo, por más severo que sea, no es seguro que ellos hagan un esfuerzo para salir de él. En esta filtración hay una apuesta, una parte de suerte.
Yo pongo el acento en la demanda. Es necesario que algo empuje. Y esta demanda no puede ser conocerse mejor; cuando alguien me demanda esto, lo despido.

-¿Qué es un error?
-Yo lo llamo “vagar en el error”. Los no incautos yerran . Los no incautos pueden atascarse y el síntoma se da cuando, al no ser incauto, se atasca.
Antes de una cierta época el síntoma no estaba en el pensamiento corriente.
Sinthome: la palabra existe en los incunables; encontré esta vieja ortografía en el Bloch el von Wartburg. Esta ortografía no es etimológica, esta siempre en vías de restauración. Yo ignoraba que Rabelais, en el siguiente, escribía: symptomate.
Voy a tratar de cubrir mi ignorancia con algunas citaciones.
-¿La importancia de la literatura en mis escritos?
-Yo diría más bien de la letra. La literatura, no sé todavía muy bien lo que es; a fin de cuentas, es lo que está en los manuales, de literatura entre otros. He tratado de acercarme un poco; es una producción pero dudosa y de la cual Freud estaba ávido porque le ha servido para abrir el camino de las vías del inconsciente. Cuando él imputó a Jensen de haber seguido no sé que hilo de la función totalmente caprichosa que Freud imputaba a la mujer, Jensen le respondió que él no había visto tal cosa jamás y que él sólo había “arrojado eso de su pluma”.
Hay una inflexión de la literatura; ella no quiere decir en nuestros días lo mismo que en tiempos de Jensen. Todo es literatura. Yo mismo la hago porque vende: mis Escritos, son literatura a la cual he tratado de dar un pequeño estatuto, que no es el que Freud imaginaba. Freud estaba convencido que hacía ciencia; el distingue soma / germen, toma prestados términos de la ciencia. Pero lo que ha hecho es una construcción genial, una práctica que funciona.
No me imagino hacer ciencia cuando hago literatura. Sin embargo, es literatura porque está escrito y eso vende; y es literatura porque tiene efectos, efectos sobre la literatura.
Es difícil de tomar. ¿Por qué no me tomaría a mí mismo como un efecto?
Cuando un río corre, hay pequeñas corrientes particulares.
La corriente central parece aspirar a las otras, pero es simplemente porque las otras confluyen.
¿Cuáles son los teóricos del psicoanálisis con los cuales yo simpatizo?
-Los médicos toman los síntomas como signos. El síntoma en el sentido psicoanalítico es de otra naturaleza que el orgánico; los analistas no son idiotas en esto.
Marx fue el primero que tuvo la idea de síntoma. El capitalismo se manifiesta por un cierto número de efectos que son síntomas; es un síntoma en la medida en que Marx imputa a la humanidad de tener una norma, y él elige la norma proletaria (el hombre limpio, todo desnudo, es Adán).
Si hay una ley cardinal del psicoanálisis, es la de no hablar a tontas y a locas, incluso en nombre de las categorías analíticas. Nada de análisis salvaje; nada de términos que sólo tengan sentido para el analista.
Es de mis analizandos que yo aprendo todo, que aprendo lo que es el psicoanálisis. Yo les tomo prestadas mis intervenciones, y no a mi enseñanza, salvo si yo sé que saben perfectamente lo que quiere decir.
La palabra “palabra”, yo la he sustituido por “significante”; y esto significa que se presta a equívoco, es decir a varias significaciones posibles.
Y, en la medida en que ustedes elijan bien vuestros términos, los que van a zamarrear al analizando, encontrarán el significante elegido.
En ningún caso una intervención psicoanalítica debe ser teórica, sugestiva, es decir imperativa; debe ser equívoca. La interpretación analítica no está hecha para ser comprendida; está hecha para producir oleaje.
A menudo es mejor callarse, sólo hay que elegirlo.
Es necesario haber sido formado como analista. Sólo cuando está formado, es que de tiempo en tiempo, esto le escapa. Formado, es decir, haber visto como el symptôme se completa.
En el análisis sólo hay escena cuando hay pasaje al acto. Sólo hay pasaje al acto como una zambullida en el agujero del soplador, siendo el soplador, por supuesto, el inconsciente del sujeto.
Es a propósito del pasaje al acto que hablé de lo escénico.
-¿Los modelos de los cuales me sirvo son simbólicos?
-Yo me esfuerzo y me mato por esto. Me consume porque el inconsciente no se presta para esto. Estos nudos borromeicos no son fáciles ni de mostrar ni de demostrar porque uno no se los puede representar.
Para estas historias de nudos, todavía debemos inventar pues nada hay menos intuitivo que un nudo. Traten de representarse el más pequeño, luego el siguiente y el siguiente, traten de ver la relación que hay entre ellos: uno se rompe la cabeza. Todo está por construirse.
Yo no los utilizo por su carácter no verbal. Trato, al contrario, de verbalizarlos.
-¿La verdad?

-Ella tiene una estructura de ficción porque pasa por el lenguaje y el lenguaje tiene una estructura de ficción. Sólo puede decirse a medias. Juré decir la verdad, nada más que la verdad, toda la verdad: es justamente lo que no será dicho. Si el sujeto tiene una pequeña idea, es justamente lo que él no dirá.
Hay verdades que son del orden de lo real. Si yo distingo real, simbólico e imaginario, es que hay verdades de lo real, de lo simbólico y de lo imaginario. Si hay verdades de lo real, es que hay verdades que no se confiesan.
-¿La consistencia de la lengua inglesa?
-Jones ha dicho que los ingleses, gracias a la característica bífida de su lengua (de raíz germánica y latina), podían, pasando de un registro al otro, tapar las cosas: esto sirve para que no vaya demasiado lejos. Es el equívoco, la pluralidad de sentidos que favorece el pasaje de lo inconsciente en el discurso.
-¿El auto-análisis?
-El auto-análisis de Freud era una cura por la escritura, y yo creo que por eso ha fallado.
Escribir es diferente de hablar. Leer es diferente de entender. Yo no creo en la cura por la escritura.

-Falo y literatura
-El falo es una falta de nada, un estorbo. Nadie sabe qué hacer con eso. El texto literario, a pesar de sus apariencias no tiene ningún efecto. Sólo lo tiene sobre los universitarios.
Cuando yo me intereso por Joyce, es porque trata de ir más allá; ha dicho que los universitarios hablarán de él durante trescientos años.
La literatura ha tratado de devenir algo más razonable, algo que revele su razón. Entre las razones, tiene algunas muy malas: la de Joyce de devenir un hombre importante, por ejemplo. En efecto él se ha vuelto un hombre muy importante.
¿Cómo se deja uno enligar en su oficio de escritor? Explicar el arte por lo inconsciente me parece de lo más sospechoso, sin embargo es lo que hacen los analistas. Explicar el arte por el symptôme me parece más serio.
-Verfwerfung - Verleugnung
-Verfwerfung, el juicio que elige y rechaza.
Verleugnung se relaciona con desmentida. En alguna parte, yo lo había traducido por “denegado”; eso parece una imprudencia. Lo desmentido tiene, yo creo, relación con lo real. Hay toda suerte de desmentidas que vienen de lo real.
-¿Las implicaciones políticas de sus investigaciones psicoanalíticas?
-En todo caso, que no hay progreso.
Lo que se gana de un lado, se lo pierde del otro.
Como no se sabe lo que se ha perdido, se cree que se ha ganado.


Fuente: El Sigma

Entrevista a Sigmund Freud realizada por George Sylvester Viereck en 1926.



Sigmund Freud: "La maldad es la venganza del hombre contra la sociedad por las restricciones que ella impone"


Sobre Sigmund Freud (1856-1939) dijo el doctor C. George Boeree (1952), profesor de Psicología de la Shippensburg University de Pennsylvania, que "en un tiempo donde todo el mundo creía en la racionalidad del ser humano, nos demostró cuánto de nuestro comportamiento estaba influido por la biología. Cuando la gente consideraba que éramos individualmente responsables de nuestras acciones, nos enseñó el impacto de la sociedad; cuando todo el mundo creía que la masculinidad y la feminidad eran roles impuestos por Dios, nos enseñó cómo influían en los mismos los patrones dinámicos familiares".
Sigismund Schlomo Freud, médico y neurólogo austríaco, fue el fundador del psicoanálisis y acaso uno de los científicos más trascendentales de la historia de la humanidad. Siendo estudiante en la Universidad de Viena, comenzó a investigar el sistema nervioso central de los invertebrados en el laboratorio de fisiología que dirigía el médico alemán Ernst Wilhelm von Brücke (1819-1892). En 1881, tras obtener su licenciatura en Medicina, permaneció en la universidad como ayudante en dicho laboratorio hasta que, en 1883, pasó al Hospital General de Viena, donde estuvo tres años dedicándose sucesivamente a la psiquiatría, la dermatología y los trastornos nerviosos. Dejó este trabajo en 1885 cuando fue designado profesor adjunto de Neuropatología en la Universidad de Viena y, a fines de ese mismo año, recibió una beca del gobierno para estudiar en París durante cuatro meses con el neurólogo Jean Charcot (1825-1893). Sus estudios con éste, centrados en la histeria, encauzaron definitivamente sus intereses hacia la psicopatología, el estudio científico de las enfermedades mentales. A su regreso a Viena, se estableció como médico privado especializándose en los trastornos nerviosos a la vez que desarrolló los conceptos fundamentales en que se asientan la teoría y la técnica del psicoanálisis. Su obra es monumental y abarca la interpretación psicoanalítica de fenómenos sociales como la religión, la mitología, el arte, la literatura, el orden social o la guerra. Algunos de sus trabajos más relevantes son "Die struktur der elemente des nervensystems" (La estructura de los elementos del sistema nervioso), "Die behandlung gewisser formen von neurasthenie und hysterie" (El tratamiento de ciertas formas de neurastenia e histeria), "Über den psychischen mechanismus hysterischer phänomene" (Sobre el mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos), "Obsessions et phobies" (Obsesiones y fobias), "Die traumdeutung" (La interpretación de los sueños), "Zur psychopathologie des alitagslebens" (Psicopatología de la vida cotidiana), "Der witz und seine beziehung zum unbewussten" (El chiste y su relación con lo inconciente), "Zwangshandiungen und religionsübungen" (Acciones obsesivas y prácticas relígiosas), "Hysterische phantasien und ihre beziehung zur bisexualität" (Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad), "Das ich und das es" (El yo y el ello), "Totem und tabu" (Tótem y tabú), "Einführung in die Psychoanalyse" (Introducción al Psicoanálisis), "Die zukunft einer illusion" (El porvenir de una ilusión), "Fetischismus" (Fetichismo), "Das unbehagen in der kultur" (El malestar en la cultura), "Über die weihliche sexualität" (Sobre la sexualidad femenina), "Warum krieg?" (¿Por qué la guerra?) y "Der mann Moses und die monotheistische religion" (Moisés y el monoteísmo). En 1923 se le detectó un cáncer en la mandíbula por el que tuvo que someterse a varias operaciones quirúrgicas. No obstante continuó su actividad durante los dieciséis años siguientes, escribiendo principalmente sobre asuntos filosóficos o culturales. Cuando los nazis ocuparon Austria en 1938, se trasladó con su familia a Londres, donde falleció.
En 1926, el periodista y escritor germano-estadounidense George Sylvester Viereck (1884-1962) se trasladó a Semmering, en la región de los alpes austríacos, donde Freud tenía su casa de veraneo. El médico y neurólogo -describe el entrevistador- tenía "el rostro tenso, como si sintiese dolor, con arrugas en la frente y la palidez del sabio. Su mente estaba alerta, su espíritu firme, su cortesía impecable como siempre, a pesar de un ligero impedimento en su habla. Un tumor maligno en su maxilar superior tuvo que ser operado. Desde entonces Freud usa una prótesis, lo cual es una constante irritación para él". "Detesto mi maxilar mecánico -aclaró Freud-, porque la lucha con este aparato me consume mucha energía preciosa. Pero prefiero esto a no tener ningún maxilar. Aún así prefiero la existencia a la extinción. Tal vez los dioses sean gentiles con nosotros, tornándonos la vida más desagradable a medida que envejecemos. Por fin, la muerte nos parece menos intolerable que los fardos que cargamos. Setenta años me enseñaron a aceptar la vida con serena humildad".
De este modo comenzó esta histórica entrevista para el "Journal of Psichology", la que, por algo más de treinta años, se la creyó perdida. Felizmente, reapareció publicada en "Psychoanalysis and the future" (El psicoanálisis y el futuro), un volúmen publicado en 1957 por la National Psychological Association for Psychoanalysis de New York, en conmemoración del centenario del nacimiento de Freud.

¿Se rehúsa usted a admitir que el destino le reserva algo especial?

¿Por qué debería yo esperar un tratamiento especial? La vejez, con sus arrugas, llega para todos. Yo no me revelo contra el orden universal. Finalmente, después de setenta años, tuve lo bastante para comer. Aprecié muchas cosas, en compañía de mi mujer, mis hijos, el calor del sol. Observé las plantas que crecen en primavera. De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasión encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer?

Usted tiene su fama. Toda su obra influye en la literatura de cada país. Los hombres miran la vida y a sí mismos con otros ojos, por causa de usted. Recientemente, en su septuagésimo aniversario, el mundo se unió para homenajearlo, con excepción de su propia universidad.

Si la Universidad de Viena me demostrase reconocimiento me sentiría incómodo. No hay razón en aceptarme a mí o a mi obra porque tengo setenta años. Yo no atribuyo importancia insensata a los decimales. La fama llega cuando morimos y, francamente, lo que ven después no me interesa. No aspiro a la gloria póstuma. La modestia es mi virtud.

¿No significa nada el hecho de que su nombre va a perdurar?

Absolutamente nada, es lo mismo que perdure o que nada sea cierto. Estoy más bien preocupado por el destino de mis hijos. Espero que sus vidas no sean difíciles. No puedo ayudarlos mucho. La guerra prácticamente liquidó mis posesiones, lo que había adquirido durante mi vida. Pero me puedo dar por satisfecho. El trabajo es mi fortuna. Estoy mucho más interesado en un arbusto que florece de lo que me pueda acontecer después de estar muerto.

Entonces, ¿usted es, al final, un profundo pesimista?

No, no lo soy. No permito que ninguna reflexión filosófica complique mi fluidez con las cosas simples de la vida.

¿Usted cree en la persistencia de la personalidad después de la muerte, de la forma que sea?

No pienso en eso. Todo lo que vive perece. ¿Por qué debería el hombre constituir una excepción?

¿Le gustaría retornar en alguna forma, ser rescatado del polvo? ¿Usted no tiene, en otras palabras, deseo de inmortalidad?

Sinceramente no. Si la gente reconoce los motivos egoístas detrás de la conducta humana, no tengo el más mínimo deseo de retornar a la vida; moviéndose en un círculo, sería siempre la misma. Más allá de eso, si el eterno retorno de las cosas, para usar la expresión de Nietzsche, nos dotase nuevamente de nuestra carnalidad y lo que involucra, ¿para qué serviría sin memoria? No habría vínculo entre el pasado y el futuro. Por lo que me toca, estoy perfectamente satisfecho en saber que el eterno aborrecimiento de vivir finalmente pasará. Nuestra vida es necesariamente una serie de compromisos, una lucha interminable entre el ego y su ambiente. El deseo de prolongar la vida excesivamente me parece absurdo.

Bernard Shaw sostiene que vivimos muy poco. El encuentra que el hombre puede prolongar la vida si así lo desea, llevando su voluntad a actuar sobre las fuerzas de la evolución. El cree que la humanidad puede recuperar la longevidad de los patriarcas.

Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir. Así como el amor o el odio por una persona viven en nuestro pecho al mismo tiempo, así también toda la vida conjuga el deseo de la propia destrucción. Del mismo modo como un pequeño elástico tiende a asumir la forma original, así también toda materia viva, conciente o inconcientemente, busca readquirir la completa, la absoluta inercia de la existencia inorgánica. El impulso de vida o el impulso de muerte habitan lado a lado dentro nuestro. La muerte es la compañera del amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que dice mi libro: "Jenseits des lustprinzips" (Más allá del principio del placer). En el comienzo del psicoanálisis se suponía que el amor tenía toda la importancia. Ahora sabemos que la muerte es igualmente importante. Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la "fiebre llamada vivir". El deseo puede ser encubierto por digresiones, no obstante, el objetivo último de la vida es la propia extinción.

Esto es la filosofía de la autodestrucción. Ella justifica el autoexterminio. Llevaría lógicamente al suicidio universal imaginado por Eduard Von Hartmann.

La humanidad no escoge el suicidio porque la ley de su ser desaprueba la vía directa para su fin. La vida tiene que completar su ciclo de existencia. En todo ser normal, la pulsión de vida es fuerte, lo bastante para contrabalancear la pulsión de muerte, pero en el final, ésta resulta más fuerte. Podemos entretenernos con la fantasía de que la muerte nos llega por nuestra propia voluntad. Sería más posible que no pudiéramos vencer a la muerte porque en realidad ella es un aliado dentro de nosotros. En este sentido puede ser justificado decir que toda muerte es un suicidio disfrazado.

¿En qué está trabajando señor Freud?

Estoy escribiendo una defensa del análisis lego, del psicoanálisis practicado por los legos. Los doctores quieren establecer al análisis como ilegal para los no-médicos. La historia, esa vieja plagiadora, se repite después de cada descubrimiento. Los doctores combaten cada nueva verdad en el comienzo. Después procuran monopolizarla.

¿Usted tuvo mucho apoyo de los legos?

Algunos de mis mejores discípulos son legos.

¿Está usted practicando mucho psicoanálisis?

Ciertamente. En este momento estoy trabajando en un caso muy difícil, intentando desatar conflictos psíquicos de un interesante paciente nuevo. Mi hija también es psicoanalista como usted sabe...

¿Usted ya se analizó a sí mismo?

Ciertamente. El psicoanalista debe constantemente analizarse a sí mismo. Analizándonos a nosotros mismos, estamos más capacitados para analizar a otros. El psicoanalista es como un chivo expiatorio de los hebreos, los otros descargan sus pecados sobre él. El debe practicar su arte a la perfección para liberarse de los fardos cargados sobre él.

Mi impresión es que el psicoanálisis despierta en todos los que lo practican el espíritu de la caridad cristiana. Nada existe en la vida humana que el psicoanálisis no nos pueda hacer comprender. Todo siempre es perdonado.

Por el contrario, comprender todo no es perdonar todo. El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar. El análisis nos dice lo que debe ser eliminado. La tolerancia con el mal no es de manera alguna corolario del conocimiento. Mi lengua es el alemán. Mi cultura, mi realización es alemana. Yo me considero un intelectual alemán, hasta que percibí el crecimiento del preconcepto antisemita en Alemania y en Austria. Desde entonces prefiero considerarme judío.

Me pone contento, señor Profesor, que también usted tenga sus complejos, ¡que también el señor Freud demuestre que es un mortal!

Nuestros complejos son la fuente de nuestra debilidad; pero con frecuencia, son también la fuente de nuestra fuerza.Imagino, observo, ¡cuáles serán mis complejos!

Un análisis serio dura más o menos un año. Puede durar igualmente dos o tres años. Usted está dedicando muchos años de su vida la "caza de los leones". Usted procuró siempre a las personas destacadas de su generación: Roosevelt, el Emperador, Hindemburgh, Briand, Foch, Joffre, George Bernard Shaw....

Es parte de mi trabajo.

Pero también es su preferencia. El gran hombre es un símbolo. Su búsqueda es la búsqueda de su corazón. Usted también está procurando al gran hombre para tomar el lugar de su padre. Es parte del complejo del padre.

Me gustaría poder quedarme aquí lo bastante para vislumbrar mi corazón a través de sus ojos. ¡Tal vez como la Medusa, yo muriese de pavor al ver mi propia imagen! Aún cuando no confío en estar muy informado sobre psicoanálisis, frecuentemente anticiparía o intentaría anticipar sus intenciones.

La inteligencia en un paciente no es un impedimento. Por el contrario, muchas veces facilita el trabajo.

A veces imagino si no seríamos más felices si supiésemos menos de los procesos que dan forma a nuestros pensamientos y emociones. El psicoanálisis le roba a la vida su último encanto, al relacionar cada sentimiento a su original grupo de complejos. No nos volvemos más alegres descubriendo que todos abrigamos al criminal o al animal.¿Qué objeción puede haber contra los animales? Yo prefiero la compañía de los animales a la compañía humana.

¿Por qué?

Porque son más simples. No sufren de una personalidad dividida, de la desintegración del ego que resulta de la tentativa del hombre de adaptarse a los patrones de civilización demasiado elevados para su mecanismo intelectual y psíquico. El salvaje, como el animal, es cruel, pero no tiene la maldad del hombre civilizado. La maldad es la venganza del hombre contra la sociedad, por las restricciones que ella impone. Las más desagradables características del hombre son generadas por ese ajuste precario a una civilización complicada. Es el resultado del conflicto entre nuestros instintos y nuestra cultura. Mucho menos desagradables son las emociones simples y directas de un perro al mover su cola, o al ladrar expresando su displacer. Las emociones del perro nos recuerdan a los héroes de la antigüedad. Tal vez sea esa la razón por la que inconcientemente damos a nuestros perros nombres de héroes como Aquiles o Héctor.Mi cachorro es un doberman pinscher llamado Ajax.Me contenta saber que no pueda leer. ¡El sería, ciertamente, el miembro menos querido de la casa si pudiese ladrar sus opiniones sobre los traumas psíquicos y el complejo de Edipo!

Aún usted, profesor, sueña la existencia compleja por demás, en tanto me parece que usted es en parte responsable por las complejidades de la civilización moderna. Antes que usted inventase el psicoanálisis, no sabíamos que nuestra personalidad es dominada por una hueste beligerante de complejos cuestionables. El psicoanálisis vuelve a la vida como un rompecabezas complicado.

De ninguna manera. El psicoanálisis vuelve a la vida más simple. Adquirimos una nueva síntesis después del análisis. El psicoanálisis reordena el enmarañado de impulsos dispersos, procura enrollarlos en torno a su carretel. O, modificando la metáfora, el psicoanálisis suministra el hilo que conduce a la persona fuera del laberinto de su propio inconsciente.

Al menos en la superficie, pues la vida humana nunca fue más compleja. Cada día una nueva idea propuesta por usted o por sus discípulos, vuelven un problema de la conducta humana más intrigante y más contradictorio.

El psicoanálisis, por lo menos, jamás cierra la puerta a una nueva verdad.

Algunos de sus discípulos, más ortodoxos que usted, se apegan a cada pronunciamiento que sale de su boca.

La vida cambia. El psicoanálisis también cambia. Estamos apenas en el comienzo de una nueva ciencia.

La estructura científica que usted levanta me parece ser mucho más elaborada. Sus fundamentos -la teoría de la transferencia, de la sexualidad infantil, de los simbolismos de los sueños, etcétera- parecen permanentes.

Yo repito, pues, que estamos apenas en el inicio. Yo apenas soy un iniciador. Conseguí desenterrar monumentos enterrados en los sustratos de la mente. Pero allí donde yo descubrí algunos templos, otros podrán descubrir continentes.

¿Usted siempre pone el énfasis sobre todo en el sexo?

Respondo con las palabras de su propio poeta, Walt Whitman: "Yet all were lacking, if sex were lacking" (Sin embargo, careceríamos de todo, si careciésemos de sexo). Mientras tanto, ya le expliqué que ahora pongo el énfasis casi igual en aquello que está más allá del placer -la muerte, la negación de la vida. Este deseo explica por qué algunos hombres aman al dolor- como un paso para el aniquilamiento. Explica por qué el poeta Algernon Swinburne dice: "From too much love of living/ from hope and fear set free/ we thank with brief thanksgiving/ whatever gods may be/ that no life lives for ever/ that dead men rise up never/ that even the weariest river/ winds somewhere safe to sea" (Por el excesivo amor a la vida/ por la esperanza y el temor liberados/ agradezcamos brevemente a los dioses/ cualesquiera que ellos sean/ que la vida no sea eterna/ que los muertos nunca se levanten/ que hasta el río más perezoso/ desagüe tranquilo en el mar).

Shaw, como usted, no desea vivir para siempre; pero a diferencia de usted, él considera al sexo carente de interés.

Shaw no comprende al sexo. El no tiene ni la más remota concepción del amor. No hay un verdadero caso amoroso en ninguna de sus piezas. El hace humoradas sobre el amor de Julio César -tal vez la mayor pasión de la historia-. Deliberadamente, tal vez maliciosamente, él despoja a Cleopatra de toda grandeza, relegándola a una simple e insignificante muchacha. La razón para la extraña actitud de Shaw frente al amor, su negación del movil de todas las cosas humanas que emana de sus piezas -a pesar del clamor universal y de su enorme alcance intelectual-, es inherente a su psicología. En uno de sus prefacios, él mismo enfatiza el rasgo ascético de su temperamento. Yo puedo estar errado en muchas cosas, pero estoy seguro de que no erré al enfatizar la importancia del instinto sexual. Por ser tan fuerte, choca siempre con las convenciones y salvaguardas de la civilización. La humanidad, en una especie de autodefensa, procura su propia importancia. Si usted raspa a un ruso, dice el proverbio, aparece el tártaro sobre la piel. Analice cualquier emoción humana, no importa cuán distante esté de la esfera de la sexualidad, y usted encontrará ese impulso primordial al cual la propia vida debe su perpetuidad.

Usted, sin duda, fue bien seguido al transmitir ese punto de vista a los escritores modernos. El psicoanálisis dió nuevas intensidades a la literatura.

También recibí mucho de la literatura y la filosofía. Nietzsche fue uno de los primeros psicoanalistas. Es sorprendente ver hasta qué punto su intuición preanuncia las novedades descubiertas. Ninguno se percató más profundamente que él de los motivos duales de la conducta humana y de la insistencia del principio del placer en predominar indefinidamente. En "Also sprach Zarathustra" (Así habló Zaratustra) dice: "El dolor grita: ¡va! Pero el placer quiere eternidad pura, profunda eternidad". El psicoanalisis puede ser menos discutido en Austria y en Alemania que en los Estados Unidos, por lo tanto su influencia en la literatura es inmensa. Thomas Mann y Hugo Von Hofmannsthal mucho nos deben a nosotros. Schnitzler recorre un sendero que es, en gran medida, paralelo a mi propio desarrollo. El expresa poéticamente lo que yo intento comunicar científicamente. Pero el doctor Schnitzler no es sólo un poeta, es también un científico.

Usted no sólo es un científico, también es un poeta. La literatura norteamericana está impregnada de psicoanálisis. Hupert Hughes, Harvey O'Higgins y otros, son sus intérpretes. Es casi imposible abrir una nueva novela sin encontrar alguna referencia al psicoanálisis. Entre los dramaturgos Eugene O'Neill y Sidney Howard tienen una gran deuda con usted. "The silver cord" (Cordón de plata) por ejemplo, es simplemente una dramatización del complejo de Edipo.

Lo sé, y entiendo el cumplido que hay en esa afirmación, pero tengo cierta desconfianza de mi popularidad en los Estados Unidos. El interés norteamericano por el psicoanálisis no se profundiza. La popularización lo lleva a la aceptación sin que se lo estudie seriamente. Las personas apenas repiten las frases que aprenden en el teatro o en las revistas. Creen comprender algo del psicoanálisis porque juegan con su argot. Yo prefiero la ocupación intensa con el psicoanálisis tal como ocurre en los centros europeos, aunque Estados Unidos fue el primer país en reconocerme oficialmente. La Clark University me concedió un diploma honorario cuando yo siempre fui ignorado en Europa. Mientras tanto, Estados Unidos hace pocas contribuciones originales al psicoanálisis. Los norteamericanos son jugadores inteligentes, raramente pensadores creativos. Los médicos en los Estados Unidos, y ocasionalmente tambien en Europa, tratan de monopolizar para sí al psicoanálisis. Pero sería un peligro para el psicoanálisis dejarlo exclusivamente en manos de los médicos pues una formación estrictamente médica es, con frecuencia, un impedimento para el psicoanálisis. Es siempre un impedimento cuando ciertas concepciones científicas tradicionales están arraigadas en el cerebro.

...


No me haga parecer un pesimista. Yo no tengo desprecio por el mundo. Expresar desdén por el mundo es apenas otra forma de cortejarlo, de ganar audiencia y aplauso. No, yo no soy un pesimista en tanto tenga a mis hijos, mi mujer y mis flores. No soy infeliz, al menos no más infeliz que otros.

BIENVENIDA

A través de estas líneas les damos la bienvenida a la herramienta informática que utlizaremos durante el cursado de la materia Psicología Clínica IA (Psicoanalítica) .

 Anhelamos que su utlización sea activa por parte de quienes conformamos la comunidad universitaria de la materia: docentes y alumnos.

Pueden suscribirse y colaborar con las publicaciones.

Esperamos sus contactos !!!

Equipo de Cátedra 2014: 
Prof Titular: María T Colovini
Prof Adj. Ana Serra
JTP: Mariano Bello
JTP:Luisina Bourband
JTP:  Carmen Dellariva
JTP: Adriana Lassalle
JTP: Adriana Sacnun